Mala cosa es el rencor
en el alma soterrado
pero, viendo el resultado,
casi la envidia es peor.
Y me pregunto el motivo
de que envidiarme alguien pueda.
Se envidia al rico. No queda
más causa que porque escribo.
Razón es ésa importante
para el zafio y el inculto,
más sencillo es el insulto
que la ironía elegante.
Pero ya paso de todo
y a nada doy importancia.
Siga el burro en su ignorancia,
rebuznando a su acomodo.
Pues lo mismo se arrepiente
alguna vez. La experiencia
me dice que la conciencia
vence a menudo a la mente.
Mas dudo en esta ocasión
que resulte de esta forma,
aunque dicen que no hay norma
carente de una excepción.
Que ocurra lo que Dios quiera
y lo que ordene el Destino.
Yo, en siguiendo mi camino,
¡salga el Sol por Antequera!
















































